Este poema fue escrito en unas circunstancias parecidas a las que hoy volvemos a vivir en la familia; pero para otra destinataria que ahora nos acompaña y nos ayuda y carga y levanta su parte de terror y frío para acarrearla hombro con hombro. Y eso es hermoso, aunque lo rodee la tristeza, el estupor.
Quizá varios lectores lo reconozcan porque abre el último bloque de Por merecer el día, con un ligero error de imprenta, pues comienza con algún salto de línea más que el resto, como si hubiera un antes y un después de estos versos, y ustedes saben que lo hay. Es uno de esos textos que se recuerda siempre dónde llegó, qué paisaje tenía uno ante los ojos cuando empezó a escribirlo en la cabeza, a qué lugar debe volver para encontrarlo aunque no quiera.
Hoy lo traigo aquí para mi madre, porque se vive contra días como los que estamos pasando. Todos juntos, eso sí.
(DÍAS)
Después de haber dejado
absurdos en el parque a los dragones
y asumida la vida
como torpe amenaza nuclear
aceptar el estruendo de la lluvia
como provocación
la ciudad eclipsada
como declaración de zona franca
y arreglarse y marchar contento al frente
qué diablos
se vive contra días como este.






